miércoles, 12 de junio de 2013

Gestión para Resultados del Desarrollo en el Estado de Yucatán (I)

Antonio Paz Pineda, Julio Ortegón Espadas y Celina Candila Flores.

Publicado en Federalismo Hacendario, Revista Bimestral No. 179, Instituto para el Desarrollo Técnico de las Haciendas 

Introducción .
En México la Gestión para Resultados del Desarrollo (GpRD) ha evolucionado, como en el resto del mundo, como parte del esfuerzo para reducir la pobreza, apoyar el crecimiento económico sostenible y equitativo y mejorar la definición y medición de los resultados de desarrollo. Este modelo es el prevaleciente en el mundo como solución para hacer eficiente y eficaz la gestión gubernamental y alcanzar los resultados del desarrollo deseados. Esto ha traído consigo transformaciones de la gestión pública que modificaron el marco legal e institucional federal.

En Yucatán la adopción de este modelo fue impulsada por las modificaciones realizadas en el ámbito federal, por lo que fue necesario generar un marco conceptual que explique de manera integral los alcances de los cambios requeridos, así como una estrategia de intervención centrada principalmente en el apoyo de organismos multilaterales y federales, lo que ha llevado al desarrollo de instrumentos de gestión propios.

En este documento se presenta una aproximación a los instrumentos más representativos que se han desarrollado e implementado en el marco de la GpRD. Para esto se presenta un breve diagnóstico sobre las condiciones que prevalecían en la Administración Pública en el punto de partida de las reformas y se describe brevemente la actualización del marco legal.

Posteriormente se presentan las experiencias relacionadas con los esfuerzos por mejorar la planeación del desarrollo. Seguido se describen las herramientas más representativas que han sido desarrolladas en el estado para fortalecer el Presupuesto basado en Resultados (PbR), con un fuerte énfasis en los instrumentos de programación.

Se muestra el modelo básico del Sistema de Seguimiento y Evaluación y finalmente, se presenta la estrategia desarrollada para fortalecer la producción de información de calidad mediante el fortalecimiento del Sistema de Información Estadística y Geográfica.

Queda mucho por hacer para hablar de un avance e institucionalización de este modelo de gestión, por lo que la presentación de estos instrumentos sólo tienen por objeto dar a conocer la experiencia generada Yucatán y abrir un espacio de reflexión sobre la necesidad de conceptualizar de manera integral el modelo, mostrar los principales instrumentos y reflexionar en la importancia de fortalecer el intercambio de mejores prácticas que se han desarrollado en las entidades federativas.

Condiciones iniciales

Como principal característica, podría decirse que en Yucatán el ciclo planeación- programación- presupuestación se encontraba fragmentado y cada etapa seguía su propia lógica técnica e institucional. En términos generales, puede decirse que asociados a esta fragmentación, se presentaban las siguientes características:
  • El marco legal presentaba un rezago dado que se orientaba al cumplimiento de las atribuciones legales y el control del gasto público y no articulaba las etapas de formulación, programación, presupuestación, seguimiento y evaluación.
  • El Sistema de Planeación del Estado respondía más al cumplimiento de rituales que a la consecución de los objetivos de la planeación.
  • No se contaba con un marco metodológico y técnico para la elaboración del plan y los programas de mediano plazo. También era sensible la carencia y desorganización de la información para la planeación desarrollo. Este problema era especialmente sensible en el ámbito de la gestión de programas y proyectos.
  • El proceso de programación presupuestación se basaba en actividades y tareas, el proceso de asignación presupuestal se interesaba principalmente en el análisis del objeto del gasto (¿en qué se gasta?) así como en la clasificación administrativa (¿quién gasta?). No se presupuestaba por programas ni proyectos de inversión.
  • No existía una agenda relacionada con la evaluación debido principalmente a que no se creó la ley de desarrollo social. Esto significó que no existiesen un área u órgano de encargado del tema.
Con el objeto de darle cumplimiento al mandato de la Carta Magna, derivado de la reforma de 2008, se llevaron a cabo adecuaciones a la Constitución Política del Estado de Yucatán, las cuales fueron publicadas en el Diario Oficial del Gobierno del Estado del 19 de marzo de 2010, con lo que se da sustento al Presupuesto Basado en Resultados y se establecen previsiones para medir y evaluar los resultados de las intervenciones gubernamentales y el ejercicio del gasto público. Esta reforma establece la creación de un Órgano de Evaluación, dependiente del Congreso del Estado que podrá evaluar a los poderes, órganos autónomos y municipios.

También se aprobó la Ley de Presupuesto y Contabilidad Gubernamental del Estado de Yucatán, que sustenta la instrumentación del PbR en el Estado y establece previsiones en materia de indicadores de desempeño y evaluación. 

Se publica la Ley de Fiscalización de la Cuenta Pública del Estado de Yucatán, con lo que se crea Auditoría Superior del Estado de Yucatán.

Marco conceptual de la Gestión para Resultados del Desarrollo (GpRD)

La amplitud de la agenda derivada de las reformas federales y la necesidad de implementarlos de forma coherente, obligaron a construir un marco conceptual que estableciera los alcances del modelo. Este  proceso fue gradual, fortalecido por una estrategia de acompañamiento y cooperación que buscaba aprovechar la sinergia de trabajo con organismos multilaterales y nacionales.

El modelo de Gestión para Resultados del Desarrollo entonces, que ha estructurado el Banco Interamericano de Desarrollo, se incorporó como una base conceptual que permitiese que la actividad pública tuviese como preocupación central la generación del mayor valor público posible, mediante la creación de un nuevo modelo de cultura organizacional y de dirección con el fin de producir, de manera sostenible, mejoras en la calidad de vida de la sociedad, es decir, lograr una mayor efectividad en el desarrollo. Lo anterior en el marco de una amplia participación social y prácticas amplias y sostenidas de transparencia y rendición de cuentas.

El modelo de GpRD tiene como principales instrumentos, aunque no en forma exclusiva, la planificación del desarrollo con enfoque a resultados, el presupuesto basado en resultados, la gestión financiera, los sistemas de auditoría y adquisiciones, la gestión de proyectos y programas y los sistemas de seguimiento y evaluación.

Un elemento transversal e indispensable para el éxito en la implantación del modelo es la disponibilidad de información de calidad, por lo que en Yucatán se consideró una estrategia para desarrollar un sistema de información como parte sustantiva del modelo.

Es notable la escasez de marcos de prácticas y metodologías para la generación de información estadística y geográfica asociada a la gestión pública enfocada a resultados. 

Sistema de Planeación del Desarrollo con enfoque a resultados

Este es el elemento central del modelo, ya que refiere al proceso mediante el cual se define el rumbo de las políticas del Estado y se precisan sus resultados, en distintos niveles y ámbitos, así como las medidas de política, las acciones de regulación y el perfil de producción pública necesarios para alcanzarlos.

Un primer paso fue la definición de la regionalización para el desarrollo, que incluyó análisis de regionalización polarizada mediante (sistema de ciudades), análisis de especialización, así como la incorporación de elementos para identificar procesos de desarrollo que den coherencia territorial a las regiones.

También se desarrollaron elementos para garantizar la alineación de los programas de mediano plazo con los programas federales, y se desarrollaron metodologías y contenidos que permitieron que los programas de mediano plazo1 contasen con este enfoque territorial y con un esquema claro para la evaluación, a partir de objetivos medibles, indicadores de resultados e impacto, así como con la definición de metas.

Los instrumentos de planeación que se impulsaron son:
  • Regionalización del Estado.
  • Diagnóstico base de las condiciones estatales con enfoque regional.
  • Información estadística y geográfica, desagregada por región.
  • Guión metodológico para la elaboración de programas de mediano plazo.
  • Estrategia de capacitación: se realizaron foros y talleres de capacitación para socializar los aspectos metodológicos.

Julio Alfonso Ortegón Espadas, Licenciado en Economía por la Universidad Autónoma de Yucatán, se ha desarrollado en las áreas de planeación del desarrollo, información y gestión estadística, seguimiento y evaluación de programas. Actualmente es Jefe de Apoyo a la Gestión del Desempeño de la Unidad de Asesores de la Secretaría de Administración y Finanzas del Estado de Yucatán.
J. Antonio Paz Pineda, licenciado en derecho por la Universidad de Yucatán, con más de 40 años en el servicio público y 18 en las áreas hacendaria y de planeación. Actualmente Director General de la Unidad de Asesores de la Secretaría de Administración y Finanzas del Estado de Yucatán. antonio.pazp@yucatan.gob.mx
Celina Candila Flores egresada de la licenciatura en Economía de la Universidad Autónoma de Yucatán, se ha desempeñado en los temas de planeación y programación. Actualmente labora como Jefa de Programación de la Dirección de Presupuesto y Gasto Público de la Secretaría de Administración y Finanzas del Estado de Yucatán. celina.candila@yucatan.gob.mx

1 Los programas de mediano plazo pueden encontrarse en http://www.yucatan.gob.mx/transparencia/nodos.php?id_arbol=3

domingo, 6 de junio de 2010

Políticas Públicas de Género: La igualdad de oportunidades y la acción afirmativa


Una de las corrientes más conocidas de las políticas públicas de género es el que tiene como origen el enfoque de igualdad de oportunidades. Este plantea que las desigualdades se construyen a partir de la ventaja inicial asociada al género que favorece a los hombres en las distintas estructuras sociales (familia, mercado y Estado). Una de las intervenciones en políticas públicas de género más frecuentes y a la vez más polémicas es la denominada “Acción afirmativa” y deriva de este enfoque.

Al reconocer que las desigualdades de inicio determinan la desigualdad de acceso a los beneficios del desarrollo, el enfoque de oportunidades “promueve el diseño de medidas que permitan “igualar” la condición de mujeres y hombres. Se trata de las llamadas “acciones positivas”: normas legales, decisiones judiciales, políticas públicas o directrices que buscan acelerar la igualdad sustantiva o de facto entre mujeres y hombres, corrigiendo situaciones de desequilibrio que son consecuencia de prácticas y sistemas sociales discriminatorios” (Incháustegui, 2009).
Estas medidas tienen como fin igualar las condiciones de acceso al mercado y a las esferas de decisión del Estado, a partir del reconocimiento de las diferencias que, de origen, tienen hombres y mujeres originado por estructuras y sistemas sociales que generan prácticas discriminatorias.

Estas medidas suponen que la modificación de las condiciones de partida generará dinámicas de cambio que permitirán modificar las condiciones de desigualdad. Es decir, al tener un mayor acceso de las mujeres al mercado de trabajo y al poder, deberían modificar los sistemas sociales que determinan estas desigualdades, con lo que se espera que en el tiempo estos cambios generen un impacto estructural que signifique la superación de las causas de la desigualdad.

Es por esto que estas medidas se consideran de carácter temporal. No olvidemos que estos procesos de transformación son lentos, por lo que la permanencia de estas políticas no tiene un comportamiento preestablecido, ya que dependen del ritmo de los cambios sociales.

El enfoque de género incorporado al pensamiento del desarrollo, introduce la categoría del género para explicar la persistencia de la desigualdad y pobreza por el orden de género, es decir, por las estructuras, procesos e instituciones que diferencian el papel de los dos sexos en las responsabilidades de la familia, el mercado y el Estado.

Esta visión de incluir el género en todas las esferas de las políticas públicas posibilita la creación de una amplia variedad de herramientas, metodologías y técnicas que permiten abordar e incluir la perspectiva de género en el ciclo de diseño, implementación, operación y evaluación de las intervenciones públicas.

Fuente de la imagen:http://www.cepal.org/oig/

miércoles, 21 de abril de 2010

Mecanismos de transmición de las desigualdades de género desde la esfera de la familia a las del mercado y la política. (2/2)


Género en las esferas productiva y política.

La institución de la familia, sancionada por la moral y las reglas del pensamiento judeo-cristiano, facilita el control del hombre de la esfera productiva, ya que a través del matrimonio se asigna el rol de proveedor en un contexto económico emergente: el capitalismo, en donde aparece la institución del mercado. Esta institución libera al hombre de la sujeción de la servidumbre e impulsa la concentración urbana. En este contexto el hombre se apropia del mercado del trabajo al pasar masivamente a constituir la mano de obra fabril de la Revolución Industrial, en tanto la mujer, en caso de ser incorporada al proceso productivo, junto con la mano de obra infantil, eran asignadas a labores con menor remuneración que los hombres.

La construcción de la esfera productiva asociada al mercado, parte de principios de control de la mujer, que en los círculos más reaccionarios, incluso a mediados del siglo veinte, seguían desvalorizando el trabajo femenino a partir de una visión biologisista y profundamente dogmática, que asigna a la mujer una incapacidad natural para el trabajo. En 1960 en España se planteaba:

La mujer podrá poner en marcha un complejo industrial con la perfección de un hombre; trazará un plano de construcción más bello que el hombre. Aun más, un mundo gobernado por mujeres podría ser un mundo mejor, pero sería un mundo al revés de cómo Dios lo planeó y quiso. Lo que, pues, Dios hizo, no lo cambien… las mujeres” (Quintín de Sariegos, citado en Astelarra, 2005).

El control de la esfera política prolonga el control del poder del hombre ya que todas las instituciones y procesos que sancionan la distribución del poder está en manos de los hombres. La constitución de los estados modernos se fundamenta en la institucionalización de los derechos civiles a partir del marco jurídico surgido del pacto social.



Se ha planteado que el pacto social y la universalización de los derechos civiles son fundamentalmente un acuerdo entre hombres, ya que estos derechos han sido sistemáticamente negados a las mujeres. Incluso en el siglo XXI el mundo encuentra sociedades en done las mujeres carecen de los derechos más elementales y a las que se les asigna un papel completamente desvalorizado.

Como ejemplo de cómo desde el poder se ha prolongado el dominio masculino, y utilizando el caso paradigmático del Franquismo, por su profunda concepción del mundo reaccionaria y basada en el pensamiento católico, se reproducen dos citas de la sección femenina de la Falange fascista. La primera es la de su dirigente y la segunda de la revista de esta organización:

"Las mujeres nunca descubren nada; les falta el talento creador, reservado por Dios para inteligencias varoniles; nosotras no podemos hacer nada más que interpretar, mejor o peor, lo que los hombres nos dan hecho." (Pilar Primo de Rivera).

"Cuatro verdades de la Sección Femenina de la Falange en 1943: -Una mujer no ha realizado nunca una invención mecánica. -Una mujer no ha tenido nunca el genio de la creación musical. –Una mujer no ha hecho el menor progreso en la cirugía. –Una mujer no ha tenido nunca la cabeza filosófica ." (Revista Y de la Sección Femenina, agosto de 1943 citado en Astelarra, 2005).

A partir de concepciones como las planteadas, en las que la condición de mujer es minusvalorada en el sentido elemental del Ser-Humano, incluso en la negación de la inteligencia de la mujer, se organizó el régimen político franquista y el corpus de leyes e instituciones que institucionalizaron la división de roles, derechos y oportunidades de las mujeres españolas en buena parte del siglo XX.
Estos ejemplos nos permiten presentar los elementos conceptuales para entender el proceso de construcción de las relaciones de género.

Imagen: Xx, Bárbara Lobatón, en http://www.flickr.com/photos/barbaralobaton/page4/

martes, 20 de abril de 2010

Mecanismos de transmición de las desigualdades de género desde la esfera de la familia a las del mercado y la política. (1/2)

Introducción.



Este breve ensayo,dividido en dos partes, pretende responder a la pregunta ¿Por qué se transmiten las desigualdades de género desde la esfera de la familia a la del mercado y la esfera política? y se realiza un ejercicio de interpretación de la construcción del papel de la mujer a partir de las ideas surgidas del pensamiento religioso.



Elementos conceptuales.


Uno de los elementos centrales de la reproducción de la desigualdad se basa en que la división sexual del trabajo indica que tradicionalmente la mujer se ocupa de las tareas domésticas y los hombres de la provisión, siendo lo primero desvalorizado.


Esto incide en la práctica cultural a partir de la forma en la que los sexos se dividen el trabajo y las actividades para la reproducción social. La organización social por sexos es la base en la que cada sociedad basa su entendimiento y explicación del mundo exterior y se convierte en el mecanismo mediante el cual se valoran las actividades al hombre y a la mujer, y por lo tanto, el papel y el valor de las funciones que juegan en la sociedad, elementos que sirven para asignar valores al orden natural y a las actividades productivas y reproductivas de la sociedad.


Esta base cultural de la organización social, se convierte en el mecanismo a partir del cual se articulan tres procesos de significación y de organización social e individual: los procesos simbólicos, la estructura generizada de la sociedad y la identidad de género.



Construcción de la feminidad a partir del pensamiento religioso occidental.


La forma en la que se articuló la estructura social de la modernidad marcó el lugar asignado al hombre y a la mujer, división que moldeó los procesos de construcción e institucionalización de las tres principales macroestructuras: la familia, el mercado y el Estado.


El proceso de construcción cultural y de desvalorización de lo femenino en la cultura occidental se refuerza en los procesos sociales y religiosos de fines de la edad media, y se amplía a partir de la diseminación del pensamiento religioso en un contexto de grandes transformaciones del continente europeo delimitadas por las confrontaciones militares y religiosas (tanto al interior del catolicismo como en la Reforma).


Como ejemplo de este proceso cultural, tenemos que en el siglo XII aparece la figura de la mujer-vicio, metáfora a través de la cual la moral cristiana comenzaba a estructurar un discurso moralizante y de censura de las sexualidad humana. El pensamiento monástico comienza a construir una nueva concepción del diablo que tarda siglos en consolidarse y tomar coherencia, pero que consistentemente va tomando forma y lentamente trasciende las murallas de los monasterios.



Se ha planteado la hipótesis de que a partir del siglo XVI el arte alemán comienza a difundir temas que delinean el lugar asignado a la mujer a partir del pensamiento religioso asociando íntimamente, a partir de contenidos bíblicos, las ideas de la muerte, el pecado, el demonio y Eva. Esta vinculación de lo femenino como la parte oscura de la creación es retomada y difundida a través del Malleus Maleficarum, primer tratado para la caza de brujas (Muchembled, 2004).


Es precisamente en el siglo XVI cuando comienza a tomar forma los elementos que darán empuje a la caza de brujas en Europa, a partir de la articulación de los textos teóricos de los monjes (a pesar de lo limitado de la difusión de sus ideas en la población ajena a la élite urbana), los procedimientos judiciales y la representación artística, en donde se asocia la práctica diabólica principalmente, pero no exclusivamente, con el cuerpo de la mujer, al que se asignan pulsiones físicas devoradoras, que en los procesos judiciales materializan y simbolizan fuertemente la sexualidad femenina, que es asociada a la muerte y a lo diabólico. Este pensamiento perfila una serie de prácticas para el control de la sexualidad femenina y el establecimiento de prácticas sociales dirigidas al control del cuerpo femenino (Muchembled, 2004).


La valoración de la mujer desde el campo simbólico le asigna un lugar en los procesos de producción y reproducción social. Hacia el siglo XVI la conjugación del pensamiento erudito monástico, el jurídico y el médico (que comienza a delimitar el papel de lo femenino en el campo de los saberes), articulan una visión del mundo explicado principalmente por la diferencia entre el hombre y la mujer, en donde el primero era infinitamente superior por voluntad divina y acorde con el orden universal. En este período explícitamente se asigna a la mujer el rol principal para la reproducción social, a partir de una serie de prácticas sociales dirigidas a controlar su sexualidad y por lo tanto, su cuerpo.


En tanto el hombre se asocia con la vertiente creativa de dios, a la mujer se le asigna el lado oscuro relacionado con el pecado y la muerte. Es por esto que el médico Joubert planteaba que “La mujer ha nacido para el sosiego, y para la sombra, al abrigo de su casa, que ella debe llevar en su espalda como hace el caracol o la tortuga… Esta es la razón por las cual Dios a creado a la mujer, compañera del hombre…” (Citado en Muchembled, 2004). Este pensamiento arropa el rol de madre y esposa, en tanto el hombre es concebido como un guerrero y por voluntad divina asignado al trabajado.


El pensamiento occidental quedó marcado por este cemento conceptual con una fuerte base religiosa, ya que el protestantismo que da un fuerte impulso a los procesos de modernización social y económica, retoma la idea de la mujer como un ser peligroso, por lo que rompe la forma de entender el orden religioso, pero no modifica la idea de la organización social basada en la división del hombre bueno y la mujer perversa que requiere vigilancia y control.


Esto significó que el orden social occidental tuviese una base en la diferenciación de género en donde el hombre ejerce un control y dominio sobre la mujer, a partir de la construcción y apropiación de los ámbitos público y productivo asociados a la modernidad, en tanto la mujer es excluida del pacto social negándosele derechos que se planteaban universales.


Imagen: Baldung 3 edades Woman & death.

viernes, 11 de septiembre de 2009

Joan Scott: la construcción de la categoría de género


Este ensayo parte de la respuesta a la pregunta ¿Porqué es útil la categoría de Género? Para tal fin, me baso en la propuesta de Joan Scott, ya que parte de la necesidad de construir una teoría que permita explicar la especificidad histórica de las relaciones entre hombres y mujeres, que estructura la manera en que se distribuye el poder en las instituciones sociales que definen cultural y estructuralmente a las sociedades: la familia, el Estado y el mercado.


Entonces podemos decir que la categoría de género proporciona un marco analítico para articular los mecanismos mediante los cuales se establece la división del poder entre los sexos, a partir de mecanismos social e históricamente construidos, que permiten explicar cómo la estructuración social tiene como elemento constitutivo las diferencias sexuales, mecanismos que determinan la desigualdad en la forma en la que se dividen los beneficios del desarrollo, las tareas y el lugar de cada sexo en la estructura social, a la vez que como categoría analítica permite articular la forma originaria en que se establecen las relaciones de poder entre ambos sexos, que asigna un al hombre un lugar de control y dominio sobre la mujer.


Es decir, que la relación masculino-femenino tiene un carácter dialéctico que articula la forma de entender de las relaciones sociales entre los sexos.


El concepto de género desarrollado por Scott tiene cuatro elementos interrelacionados y para explicarlos de mejor manera, planteo algunos ejemplos de cada elemento:


a. Los símbolos con que cada cultura interpreta el lugar de cada sexo en el universo. El proceso de asignación simbólica de un lugar diferenciado de los sexos en el universo en la cultura occidental se fundamenta en gran medida a partir del pensamiento religioso, en donde se asigna un lugar subordinado a la mujer en la organización del universo. En este sentido, la interpretación del papel subordinado de la mujer respecto al hombre tiene como noción fundadora la creación, cuando Adán aporta una costilla para la creación de Eva; este mismo simbolismo se desarrolla en la pérdida del paraíso, en donde se vincula al pecado, el diablo y a Eva en el momento de la tentación a Adán.


b. Los conceptos normativos que asignan y delimitan unívocamente lo masculino y femenino, es decir, las reglas que en los ámbitos sociales, culturales, religiosos, políticos y legales establecen la visión hegemónica de las relaciones y límites de lo masculino y lo femenino. El Concilio de Trento (1584) establece que el matrimonio es una institución que debe ser protegida, y simbólicamente da una valoración de lo femenino a partir de tres comportamientos sociales: “Hay una diferencia entre la esposa y la concubina y la ramera: la esposa está destinada a tener niños y conservar el bien doméstico; la concubina, a ser servida fuera del matrimonio, y la libertina a ser mantenida por voluptuosidad” (citado en Muchembled, 2004).


c. El ámbito institucional, de relaciones sociales y políticas. Es la forma en la que se construyen y operan los mecanismos de la esfera política y del mercado, en donde se definen los mecanismos generadores de desigualdad que trascienden del ámbito de la familia. Es decir, que es en estas esferas en donde los procesos y normas se convierten en mecanismos que operan para asignar en la división del trabajo y el ejercicio del poder, a partir de una desvalorización de lo femenino, lo que hace que las mujeres se incorporen a estas esferas en una posición de desventaja. Una idea clara de cómo se concibe el papel de la mujer en la esfera del trabajo nos lo propone Francisca Bohigas, inspectora de enseñanza primaria en España a mediados del siglo XX (Bohigas, 1947, citado en Astelarra, 2005):”La mujer se somete sin dolor y sin amargura a jefaturas masculinas, aun en el caso de reconocer la carencia de dotes de mando en la persona que lo ejerce. Pues bien: aun en estos casos, el trabajo se ejecuta normalmente, lo que no suele acontecer en la situación inversa”.


d. El cuarto elemento es la identidad subjetiva, que refiere a la manera en que la sexualidad es moldeada por las concepciones y representaciones culturales de los individuos, que determinan prácticas sociales y culturales que permiten el análisis histórico. La identidad del hombre que se constituye a través del ejercicio de una sexualidad activa, en donde la idea es que mientras más mujeres se posean más hombre se és. En tanto la femenina se asocia con el pudor y la virginidad.


Estas cuatro categorías no tienen una relación unidireccional, sino que se articulan de tal manera que precisamente estas interacciones permitirán construir el análisis histórico.


Indudablemente el enfoque de género permite reenfocar la manera en que las ciencias sociales abordan los temas relacionados con la pobreza, la desigualdad y las políticas públicas, que obliga a hacer un alto en la manera en que nuestra sociedad está abordando estos temas.


Las siguientes aportaciones del blog irán en el sentido de desarrollar elementos para poder entender las relaciones entre las políticas públicas y cómo el enfoque de género aporta elementos para la construcción de una sociedad más justa.


Bibliografía:


Scott Joan W. , (1996), El género: una categoría útil para el análisis histórico, en Lamas Marta Compiladora. El género: la construcción cultural de la diferencia sexual. PUEG, México. 265-302p.


Astelarra Judith, (2005), Veinte años de políticas de igualdad, Ediciones cátedra, 2005, España.


Muchembled Robert, (2004), Historia del Diablo, siglos XII-XX, Fondo de Cultura Económica, México.